
La
cultura es un complejo entramado de experiencias, sentimientos y prácticas. No sólo se reduce al ámbito de las creaciones consideradas como cultas, ni menos a un nivel únicamente social. La
cultura comprende todo rincón de la acción humana.
Y, es el proceso de creación, una de las acciones humanas de mayor importancia. Ideas, conceptos, ciencias y artes. Todos son parte de nuestra cultura y experiencia como individuos.
Crear o apreciar. Cualquiera sea nuestra posición, siempre despierta en nosotros todo tipo de sentimientos.
En el caso del arte, la creación de una obra, o producto artístico, opera, formalmente, bajo ciertas consideraciones institucionales y académicas. Sin embargo, la creación nace de un proceso mucho más profundo, personal e, incluso, espiritual. Creaciones que, además, se enriquecen con las experiencias e historia vivida de cada individuo.
Del mismo modo ocurre con la apreciación que, como espectador, se puede tener del arte. La experiencia estética y sentimientos que la obra puede despertar en nosotros va mucho más allá de los criterios formales y técnicos. En primer lugar, se sumerge en sensaciones sublimes y sentimientos íntimos que las obras pueden desatar en el ser humano, para luego conectarse al nivel de las ideas y conceptos.
Un ejemplo, es el cine que, con su capacidad mitogénica y de ensoñación, despierta en el espectador personales procesos de proyección e identificación. El cine funciona como espejo, y genera todo tipo de experiencias, sentidos y sentimientos únicos.
De este modo, cualquier reflexión sobre la cultura y sus creaciones (como el arte o el cine), por básica que sea, debe tener en cuenta los cruzes de historias, experiencias y sentimientos. Tanto a un nivel personal, como histórico.
PD: La imagen pertenece al pintor ruso
Marc Chagall y se llama: Le Cirque bleu (1950)